El Plan Estratégico 2030 con visión 2040 de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA) incorpora el tráfico de cruceros como objetivo en los dos puertos que gestiona. La «potenciación del sector de cruceros» figura dos veces en el plan de acción del documento: en el apartado dedicado a acercar los puertos a la ciudadanía y en el que la Autoridad Portuaria reserva en exclusiva al Puerto de Tarifa. Entre los hitos del bloque de integración Puerto-Ciudad, la APBA lo formula con una expresión que ordena el resto de la lectura: «Inicio y desarrollo del tráfico de cruceros en Algeciras y Tarifa».
La palabra «inicio» sitúa el punto de partida y describe un cambio de paradigma. La Bahía de Algeciras no es ajena a los grandes buques de crucero, pero su relación con ellos ha sido hasta ahora casi exclusivamente técnica. Los cruceros que entran en la Bahía lo hacen para repostar combustible, avituallarse, efectuar reparaciones o cambiar tripulación, no para desembarcar pasaje. El propio puerto se ha promocionado durante años en esos términos: en la feria Seatrade Cruise Med de 2024, la APBA acudió a posicionar Algeciras como puerto técnico para cruceros, con una delegación de empresas de la comunidad portuaria —entre ellas BE Química, Lemmas Shipping, Total Logistic Services, Tramarco, Incargo Andalucía Sur, Sandvik Marine Electronics y la Zona Franca de Cádiz— que presentaron sus servicios de reparación, suministro y bunkering para este tipo de buques. Ya en 2021, en una jornada titulada «La Bahía de Algeciras: entorno sostenible para los servicios al buque de crucero», la Autoridad Portuaria expuso su aspiración de convertirse en puerto base para escalas técnicas y en socio estratégico de las navieras en el ámbito del Mediterráneo occidental.
La fotografía que el plan reproduce en su página 16 resume ese punto de partida mejor que cualquier cifra. La imagen documenta la entrada en la Bahía del Icon of the Seas, de Royal Caribbean, y aparece en el capítulo de contexto y tendencias para el horizonte 2030-2040. El buque —uno de los mayores cruceros del mundo y el primero de su compañía capaz de operar con gas natural licuado— entró en Algeciras en diciembre de 2023 para recibir un suministro de 2.500 metros cúbicos de GNL antes de estrenar temporada en aguas del Caribe. Fue una escala técnica: ningún pasajero pisó tierra en el Campo de Gibraltar. La imagen que el plan utiliza como referencia del segmento crucerístico ilustra, con precisión, el modelo que la APBA quiere ampliar.
El documento no aporta cifras de escalas actuales, de cruceristas ni de objetivo cuantitativo para 2030. A diferencia de los bloques de contenedores —nueve millones de TEUs de capacidad a 2035—, del tráfico del Estrecho —un millón de camiones en 2035, 7,5 millones de pasajeros— o del apartado ambiental —70% de reducción de emisiones directas—, el crucerístico es el único gran objetivo del plan que se plantea sin métrica asociada. El compromiso del que responderá la APBA en 2030 se limita a que el tráfico haya empezado y esté en desarrollo en los dos puertos.
La ubicación del objetivo dentro del documento informa sobre cómo lo entiende la Autoridad Portuaria. Los dos apartados que recogen el crucero comparten un mismo enfoque: la relación entre el puerto y su entorno urbano y ciudadano. El primero se formula como «acercar los puertos a la ciudadanía, generando valor compartido y colaborando con agentes locales», y agrupa el crucero junto a la mejora de la percepción ciudadana sobre la gestión de la APBA, la habilitación de áreas portuarias al servicio del público y el aumento de la participación vecinal en actividades Puerto-Ciudad. El hito correspondiente aparece en el bloque de integración Puerto-Ciudad, junto a la nueva lonja pesquera de Algeciras, el proyecto Lago Marítimo, las 25 hectáreas Puerto-Ciudad integradas en los municipios y la puesta en valor de las instalaciones náutico-deportivas de La Línea, Puente Mayorga, El Saladillo y Tarifa. El crucero, en la arquitectura del plan, no es un tráfico comercial más: es una herramienta de vínculo con la ciudad.
El trabajo comercial para dar ese salto lleva ya varios ejercicios en marcha, aunque el plan no lo detalle. La APBA acudió en abril de 2025 a Seatrade Cruise Global, en Miami, la mayor feria internacional del sector, y en septiembre del mismo año a Seatrade Hamburgo, el encuentro donde las navieras perfilan los destinos que ofertarán en los dos ejercicios siguientes. En ambas citas participó bajo el paraguas de Suncruise Andalucía —la asociación que agrupa a todos los puertos de interés general del Estado en Andalucía más los de Ceuta y Melilla, presidida por el presidente de la APBA, Gerardo Landaluce— y dentro del stand institucional de Puertos del Estado. A los puertos de Algeciras y Tarifa, la Autoridad Portuaria sumó en Hamburgo las instalaciones de La Línea, gestionadas por Alcaidesa Marina.
El posicionamiento elegido para esas ferias es el segmento de lujo y premium, con escalas fuera de los circuitos convencionales del Mediterráneo. La propuesta presentada a las navieras combina la posibilidad de visitar dos continentes en un mismo día, el avistamiento de cetáceos y aves migratorias, los deportes de viento en las playas de Tarifa, el submarinismo en la confluencia de Atlántico y Mediterráneo, el senderismo en el Parque Natural del Estrecho y en Los Alcornocales, los castillos de Guzmán el Bueno, Castellar y Jimena, las ruinas romanas de Baelo Claudia, la Ruta Paco de Lucía con centro de interpretación en Algeciras y una oferta gastronómica centrada en el atún rojo y el retinto. La APBA mantiene en ese catálogo el argumento técnico que ya domina —suministro de grandes volúmenes de combustibles bajos en azufre y GNL, reparaciones y cambios de tripulación—, pero lo presenta ahora como valor añadido de una escala turística, no como su razón de ser.
Dos activos patrimoniales recogidos en el plan encajan en esa propuesta. El documento incluye el plan de conservación y puesta en valor del patrimonio histórico portuario, cuyos ejes son el Fuerte de la Isla Verde, en Algeciras, y la Isla de Tarifa, donde el plan sitúa un centro de interpretación y el faro. A ellos se suma un factor coyuntural con potencial de atracción: el eclipse solar total del 2 de agosto de 2027, cuya franja de totalidad recorrerá el Estrecho de Gibraltar de oeste a este, y que la Autoridad Portuaria promociona junto a la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar y la Diputación de Cádiz.
La escala del reto se mide comparando con los puertos andaluces que ya operan el tráfico turístico. Málaga cerró 2025 con 570.481 cruceristas y 331 escalas, un 21,3% y un 19% más que el año anterior, con cerca del 40% del pasaje en buques de lujo. El Puerto de la Bahía de Cádiz previó 382 escalas para 2026 y cerró el primer semestre de este año con 153 escalas y 255.379 cruceristas, un 13,33% y un 21,55% por encima del mismo periodo de 2025. Son magnitudes construidas a lo largo de décadas, con terminales dedicadas, itinerarios consolidados y una oferta urbana orientada al visitante de un día. El plan de la APBA no plantea competir con esos volúmenes: la vía del lujo y el buque pequeño exige menos infraestructura y genera menos presión, pero también menos pasaje.
Tarifa es donde el objetivo plantea mayores condicionantes. El plan dedica al puerto tarifeño un apartado propio, que la APBA formula como «impulsar un desarrollo del Puerto de Tarifa adaptado a su entorno, optimizando su capacidad operativa y buscando fortalecer su vínculo con la ciudad», y sitúa la potenciación del crucero junto a la maximización de la capacidad operativa del tráfico de pasajeros y vehículos en régimen de pasaje, la maximización de la capacidad de los accesos viarios, el incremento de la vida útil de las infraestructuras, la electrificación de la actividad portuaria y la transición a combustibles alternativos. El propio enunciado —«adaptado a su entorno»— reconoce el límite: Tarifa es un puerto pequeño, encajado en el casco urbano, con una línea de ferry al norte de África en plena renovación y con un acceso viario que el plan identifica como cuello de botella.
El calendario del segmento coincide, además, con un debate europeo sobre la fiscalidad y el impacto ambiental del crucerismo. Un estudio de Transport & Environment difundido este mes cifra entre 790 millones y 1.300 millones de euros los costes externos generados por la actividad de cruceros en España, Francia e Italia durante 2025, y calcula que un gravamen de 15 euros por pasajero y escala recaudaría 335 millones anuales en esos tres países. El plan de la APBA no aborda esa discusión, pero incorpora en su apartado ambiental herramientas que afectan directamente al crucero: la materialización completa del suministro eléctrico a buques atracados (OPS) en Algeciras y Tarifa, los 40 MW de potencia eléctrica adicional y el objetivo de que el 50% de los buques que escalen se acojan al sistema de bonificaciones ambientales.