La Comisión Europea ha adoptado la iniciativa OceanEye, un nuevo marco de actuación con el que la Unión Europea aspira a situarse como principal proveedor mundial de información sobre los océanos. El objetivo fijado por Bruselas es que la UE contribuya con el 35% al sistema mundial de observación oceánica en 2035 y alcance también el 35% del mercado vinculado a las tecnologías de observación marina.
La propuesta parte de una constatación ampliamente compartida en el ámbito científico y marítimo: el océano cubre alrededor del 70% de la superficie terrestre, pero solo se ha explorado una parte reducida de su extensión. Según la Comisión, apenas un 5% del océano ha sido objeto de exploración, pese a su relevancia para la protección ambiental, la previsión climática, la seguridad marítima y el desarrollo de actividades económicas como la pesca, la acuicultura, las energías renovables marinas y el transporte marítimo.
OceanEye se configura como una de las principales medidas derivadas del Pacto Europeo por el Océano, adoptado por la Comisión en junio de 2025. Este pacto reúne en un único marco las políticas europeas relacionadas con el océano y aborda las amenazas que afectan a las comunidades costeras, las islas y las regiones ultraperiféricas. La iniciativa incorpora una dimensión científica, tecnológica, económica y geopolítica, con especial atención a la autonomía europea en materia de datos marinos.
El planteamiento de la Comisión se apoya en cuatro líneas de trabajo: una gobernanza más coordinada, el liderazgo internacional mediante alianzas, el desarrollo de la réplica digital europea del océano junto con la innovación tecnológica, y la participación ciudadana con acciones de formación y cultura oceánica. Bruselas considera que la financiación estable será un elemento determinante para garantizar series de observación a largo plazo y sostener las infraestructuras necesarias.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha señalado que OceanEye permitirá a Europa ser “un referente en el conocimiento y protección de nuestro océano” y en el uso sostenible de su potencial. También ha pedido a los Estados miembros y a los socios internacionales que se sumen a la iniciativa y contribuyan al sistema mundial de observación oceánica.
Uno de los principales problemas identificados por la Comisión es la fragmentación de la observación oceánica en la UE. OceanEye pretende ordenar la coordinación entre Estados miembros, organismos científicos, industria y entidades especializadas, con el fin de alinear inversiones y prioridades, reducir duplicidades en la recopilación de datos y cubrir lagunas de información. Los detalles de este nuevo modelo de gobernanza se incluirán en la propuesta legislativa de una futura Ley del Océano, prevista para finales de año.
La iniciativa contempla la creación de un sistema digital europeo de los océanos que agrupe servicios ya existentes, como el Servicio de Vigilancia Medioambiental Marina de Copernicus, la Red Europea de Observación e Información del Mar, EMODnet, el Sistema de Información sobre el Agua para Europa, WISE Marine, y WISE Freshwater. Este sistema funcionará como punto único de acceso a información oceánica y conocimiento marino de alta calidad.
Dentro de este ecosistema digital se integrará la réplica digital europea del océano, una representación virtual que ofrecerá acceso continuo a información marina. La Comisión prevé que esté plenamente operativa en 2030 y que facilite observaciones en tiempo real y modelos predictivos de utilidad para administraciones, responsables políticos e industria. Esta herramienta se plantea como un instrumento para anticipar riesgos, planificar actividades marítimas y apoyar la gestión sostenible del medio marino.
En el ámbito internacional, la UE pondrá en marcha una Alianza Internacional destinada a mejorar el sistema mundial de observación de los océanos. Bruselas identifica carencias especialmente relevantes en el hemisferio sur, el Ártico, las profundidades marinas y las zonas costeras, donde la falta de datos limita la capacidad de análisis y de respuesta ante fenómenos climáticos, cambios ecológicos o riesgos para la seguridad marítima.
La Comisión destinará 92 millones de euros del programa Horizonte Europa a la puesta en marcha de OceanEye. De esta cantidad, 50 millones se asignarán a ampliar la contribución europea al sistema mundial de observación oceánica, 12 millones a sistemas globales resilientes de información marina y 30 millones a proyectos tecnológicos a través del Consejo Europeo de Innovación en el ámbito de las tecnologías de observación de los océanos.
OceanEye también busca favorecer el desarrollo de sensores, sistemas autónomos, inteligencia artificial y nuevas soluciones de captura y tratamiento de datos marinos. La Comisión plantea acelerar la transición de estas tecnologías desde la investigación hacia el mercado, fomentar asociaciones público-privadas, mejorar el acceso a financiación para empresas emergentes y conectar la investigación con las necesidades reales de la economía azul.
La dimensión social de la iniciativa se articulará mediante acciones de divulgación, educación y desarrollo de competencias. La Comisión pondrá en marcha un Laboratorio de océanos, comunidades costeras e insulares de la Nueva Bauhaus Europea, orientado a presentar información marina mediante instalaciones públicas, exposiciones en museos y colaboraciones con artistas y diseñadores. Además, se creará un distintivo OceanEye para identificar las infraestructuras que formen parte del programa.
La financiación nacional e internacional será otro de los elementos clave. Bruselas ha invitado a Estados miembros, terceros países, organizaciones filantrópicas y sector privado a incorporarse a la alianza mediante recursos financieros, capacidades de observación, sensores, drones, buques oceanográficos, cables submarinos, infraestructuras digitales, personal técnico y datos relevantes para organismos como la Comisión Oceanográfica Intergubernamental o el Sistema Mundial de Observación de los Océanos.
La Comisión sitúa esta iniciativa en un contexto en el que la economía azul resulta estratégica para la UE, con 70.000 kilómetros de litoral, el 40% de la población europea viviendo en comunidades costeras e islas, cinco millones de empleos vinculados a sectores oceánicos y un valor añadido bruto estimado en 250.000 millones de euros.