La pugna entre los grandes puertos españoles por atraer carga procedente de Asia está dejando de ser únicamente una competencia comercial para convertirse en una reorganización del sistema portuario alrededor de la descarbonización, la oferta energética en muelle y la capacidad de transformar memorandos en operativas medibles. Los acuerdos firmados por las autoridades portuarias de Valencia, Barcelona y Algeciras con socios chinos —Ningbo-Zhoushan en los casos valenciano y algecireño, y Shanghái en el caso catalán— configuran un mapa en el que cada recinto trata de hacer valer su estructura de negocio, su hinterland y su grado de madurez tecnológica para captar tráficos asiáticos en un entorno regulatorio europeo cada vez más exigente.
El marco normativo que está acelerando estas decisiones combina presión global y obligaciones inmediatas en la Unión Europea. La Estrategia de 2023 de la Organización Marítima Internacional (OMI) establece, entre otros elementos, una reducción de la intensidad de carbono del transporte marítimo internacional de al menos el 40% para 2030 y una penetración de tecnologías, combustibles y fuentes de energía de emisiones nulas o casi nulas de al menos el 5%, con aspiración al 10%, también para 2030. El marco de cero emisiones netas aprobado en principio por el MEPC 83 en abril de 2025 no quedó formalmente adoptado en octubre de ese año y las discusiones han continuado en 2026, de modo que la trayectoria de descarbonización está marcada, pero su aterrizaje jurídico sigue abierto.
La presión económica que ya pagan hoy las navieras que escalan en Europa procede sobre todo de la normativa comunitaria. Desde enero de 2024, el EU ETS cubre las emisiones de CO₂ de los grandes buques de más de 5.000 GT que entran en puertos de la UE: el 50% de las emisiones de trayectos extracomunitarios y el 100% de las emisiones entre puertos comunitarios y durante la estancia en puerto. El sistema se implanta de manera gradual, con entrega de derechos por el 40% de las emisiones reportadas en 2024, el 70% de las de 2025 y el 100% a partir de 2027. A ello se suma FuelEU Maritime, aplicable desde 2025, que obliga a reducir la intensidad de gases de efecto invernadero de la energía usada a bordo en escalones quinquenales, desde un 2% en 2025 hasta un 80% en 2050, e impondrá desde 2030 el uso de OPS u otras tecnologías de cero emisiones en atraque para portacontenedores y buques de pasaje en los puertos cubiertos por AFIR. El reglamento prevé sanciones monetarias por déficits de cumplimiento y, en caso de incumplimientos reiterados, consecuencias que pueden llegar a la expulsión o restricción de acceso a puertos.
El concepto de corredor marítimo verde nació en el contexto de la Clydebank Declaration de 2021 y se ha consolidado como instrumento para concentrar inversión, coordinación público-privada y decisiones tecnológicas en rutas concretas entre dos o más puertos. Según el último informe anual del Global Maritime Forum, en noviembre de 2025 había 84 iniciativas activas de corredores verdes en el mundo. Un corredor verde no exime por sí mismo del cumplimiento de la normativa europea: lo que hace es reducir el riesgo de incumplimiento al alinear combustible, infraestructura, digitalización, escala comercial y planificación portuaria. La exención o el ahorro regulatorio no deriva del sello del corredor, sino de que el buque y la compañía bajen realmente su intensidad de emisiones o sustituyan energía fósil por combustibles y electricidad compatibles con FuelEU, EU ETS y, en su momento, el marco global de la OMI.
Sobre ese trasfondo, Valenciaport llega a la carrera con una base comercial sólida. China fue su principal socio comercial en 2025 y el recinto cerró ese ejercicio con 5.662.661 TEUs, un 3,41% más que el año anterior. En los cuatro primeros meses de 2026, la Autoridad Portuaria de Valencia gestionó 25,5 millones de toneladas y 1.813.446 TEUs; los intercambios con China en ese periodo superaron los 3,3 millones de toneladas, un 23,78% más interanual, y alcanzaron 308.206 TEUs, un 25,25% más. El corredor con Ningbo-Zhoushan no se construye, por tanto, sobre un mercado hipotético, sino sobre una relación comercial ya masiva y en expansión.
El rasgo distintivo del caso valenciano es que su proyecto con Ningbo-Zhoushan ha dado un paso que todavía no se aprecia con la misma nitidez en los demás recintos españoles: el tránsito de la declaración política a la operativa piloto. El 27 de mayo de 2026, Valenciaport informó de que ambas autoridades portuarias respaldaban el primer acuerdo operativo del corredor verde entre los dos puertos, vinculado al servicio marítimo Jade de MSC. En la alianza participan MSC, Senior Auto, el China Waterborne Transport Research Institute y la Fundación Valenciaport, con el objetivo de aterrizar el corredor mediante análisis de caso, cálculo de huella de carbono y definición de metas para los distintos eslabones de la cadena logística y marítima.
La credibilidad de esa apuesta descansa en inversiones y proyectos ya en marcha. El programa OPS Valenciaport, cofinanciado por la Unión Europea y vigente hasta 2028, prevé desplegar suministro eléctrico a buques en tres terminales del puerto de Valencia y se ha presentado como la pieza con mayor capacidad de reducir la huella de carbono del recinto, aproximadamente un 40%. La Fundación Valenciaport cifró en torno a 80 millones de euros el presupuesto del proyecto. A ello se suma la adjudicación en Sagunto de una planta de combustibles renovables por 20 millones de euros y la concesión de dos nuevas autorizaciones para suministro de GNL a buques, además del crecimiento del tráfico ferroviario entre enero y abril de 2026, con 97.155 TEUs movidos por tren, un 21,69% más. El corredor valenciano se lee así no solo como asunto marítimo, sino como reconfiguración de toda la cadena puerto-hinterland.
La estrategia del Puerto de Barcelona difiere en socio, en perfil de carga y en narrativa tecnológica. El acuerdo con Shanghai International Port Group se firmó el 4 de agosto de 2025 y busca intensificar la relación entre ambos puertos en digitalización, estandarización y descarbonización del transporte marítimo. El propio recinto catalán subraya que Shanghái es el mayor puerto de contenedores del mundo y que China es su principal socio comercial, origen de prácticamente el 50% de las importaciones que llegan al puerto. En 2025, China, Estados Unidos y Turquía fueron sus principales socios en mercancía contenerizada, con cuotas del 28%, 6% y 5%, respectivamente.
Las estadísticas portuarias de 2026 ayudan a perfilar qué significa esa relación en términos de negocio. A cierre de abril, Barcelona acumulaba 1.266.611 TEUs, un 2,7% más que un año antes. En el tráfico full no transitado por países, China sumaba 148.105 TEUs, el 29,8% del total, y dominaba especialmente la descarga: 128.650 TEUs, el 51,2% de las unidades descargadas. Ese sesgo confirma que la relación de Barcelona con China es altamente importadora y encaja con la dimensión automovilística y de distribución de alto valor añadido que la autoridad portuaria ha querido dar al corredor con Shanghái. En 2025, el Puerto de Barcelona cerró con 3,7 millones de TEUs, un 4,2% menos que en 2024, pero los contenedores llenos de importación y exportación —los de mayor valor para un puerto gateway— crecieron un 4% y un 3%, respectivamente.
El recinto catalán ha definido con mayor claridad que otros puertos qué «producto» quiere asociar a su corredor: digitalización y metanol verde, con atención particular a la automoción. El acuerdo firmado con SIPG contempla desarrollar un Green Shipping and Digital Corridor, con capacidades y regulación para suministrar esos combustibles en ambos puertos y ofrecer servicios marítimos de emisiones neutras entre Extremo Oriente y Mediterráneo. La plataforma de conocimiento PierNext, ligada al puerto, ha explicado que la ruta Barcelona-Shanghái se plantea alrededor de la eficiencia energética, la digitalización logística y el transporte de vehículos con metanol verde. Aunque la madurez operativa aún parece menos definida que en el caso valenciano, Barcelona ha encajado el corredor dentro de una estrategia más amplia de puerto inteligente, automoción y combustible alternativo.
En infraestructura, el Puerto de Barcelona llega con activos visibles. En julio de 2024 inauguró en la terminal BEST el primer OPS para un muelle de contenedores de un puerto mediterráneo, dentro del plan Nexigen; en abril de 2025 puso en servicio el primer OPS para ferris en Grimaldi Terminal Barcelona; y su plan de electrificación supera los 200 millones de euros. Paralelamente, el puerto suministró en 2025 un total de 236.946 m³ de GNL como combustible marino, con 547 operaciones, e inició operativas de bunkering de bioGNL. El propio recinto ha señalado que en 2026 podrá suministrar metanol verde, y ya puede abastecer bioGNL o B100. Barcelona ha trabajado, por tanto, en tres capas a la vez: electrificación en atraque, combustible de transición y preparación para combustibles de menor huella.
El caso de Algeciras requiere una lectura distinta porque compite con Valencia y Barcelona, pero no desde la misma estructura de negocio. El Puerto de Algeciras cerró 2025 con 100,7 millones de toneladas y 4,74 millones de TEUs, manteniéndose por encima de los 100 millones de toneladas por décimo año consecutivo. La APBA subrayó el crecimiento del import/export frente a un leve descenso del transbordo, junto con la fortaleza del ro-ro del Estrecho, cerca ya del medio millón de camiones anuales solo en la línea Algeciras-Tánger Med. El recinto andaluz llega a la agenda climática no solo como nodo de carga Asia-Europa, sino como gran hub de transbordo, puerta del Estrecho y plataforma de servicios al buque.
La firma del corredor verde con Ningbo-Zhoushan se produjo la pasada semana, y se apoya en una relación previa entre ambos puertos que se remonta al memorando de entendimiento firmado en 2018 para fomentar los flujos comerciales entre el sur de Europa y Asia y compartir conocimiento sobre tecnologías aplicadas a la gestión portuaria. La información difundida tras la firma apuntó que Ningbo es el primer socio comercial de Algeciras en mercancía contenerizada y que el tráfico bilateral de contenedores había crecido con fuerza en el último año.
Donde Algeciras presenta una ventaja operativa más tangible es en energía. En 2025 suministró 333.833 m³ de GNL a buques, con 78 operaciones ship-to-ship, situándose, según la APBA y GASNAM, a la cabeza de los puertos peninsulares y en el top tres europeo tras Róterdam y Marsella Fos. De ese volumen, 51.923 m³ fueron bioGNL, casi un 16% del total. A ello se añade una inversión prevista de 92 millones de euros en OPS para los muelles de Algeciras y Tarifa y la experiencia acumulada en el corredor verde y digital con Panamá, presentado en Bruselas en 2025, cuyo estudio de viabilidad estima un ahorro anual de 800.000 toneladas de CO₂ y que menciona expresamente biocombustibles, e-metanol, amoniaco, OPS y digitalización logística. El recinto algecireño todavía debe trasladar su acuerdo con Ningbo a una ruta concreta, pero ya cuenta con una base más madura en suministro energético al buque que en visibilidad comercial del servicio corridorizado.
La comparación entre los tres puertos muestra que no todos compiten por lo mismo ni con la misma herramienta principal. Valencia está utilizando el corredor con Ningbo para asegurar su relación con el mayor mercado exterior de su comunidad portuaria y ha sido el primero en vincularlo a un servicio identificado, MSC Jade. Barcelona ha alineado su corredor con Shanghái con su especialización como puerto gateway de alto valor, muy dependiente de las importaciones chinas, y lo envuelve en una narrativa de digitalización, automoción y metanol verde. Algeciras, por su parte, hace valer su escala como hub, su conectividad del Estrecho y su posición de liderazgo en bunkering de GNL y bioGNL, lo que sugiere una estrategia más apoyada en servicios al buque, transbordo y fiabilidad de escala que en el patrón de hinterland que caracteriza a los otros dos.
A junio de 2026, la descarbonización portuaria española está más desarrollada en OPS, GNL, bioGNL y biocombustibles que en un despliegue comercial masivo de metanol o amoniaco. Barcelona ya electrifica atraques y opera bioGNL, con metanol verde previsto para 2026; Algeciras lidera en GNL y bioGNL y despliega OPS; Valencia avanza con OPS, nuevas autorizaciones de GNL y una planta de combustibles renovables en Sagunto, mientras mantiene proyectos de investigación sobre metanol y amoniaco. La evidencia disponible indica que los corredores verdes españoles son hoy más una herramienta de coordinación y preparación de mercado que un producto plenamente descarbonizado en todas sus capas.
Los corredores verdes coinciden en que no basta con disponer de un combustible en origen y destino: hace falta flota compatible, seguridad regulatoria, servicios de bunkering, digitalización, coordinación contractual y cargadores dispuestos a asumir el sobrecoste de la transición. El corredor se está convirtiendo, así, en un instrumento comercial además de climático. La carrera abierta entre Valencia, Barcelona y Algeciras no consiste solo en captar más mercancía asiática, sino en decidir qué puerto será el acceso más fiable, competitivo y climáticamente alineado para esa carga en una Europa donde el carbono ya tiene traducción económica directa.