Las Islas Canarias cuentan con el 21,7% de su Demarcación Marina bajo alguna figura de protección legalmente vinculante, pero solo el 11% de esas áreas marinas protegidas (AMPs) dispone de un sistema de gestión activa y únicamente el 1% cuenta con protección estricta. Son las principales conclusiones del informe Estado de las Áreas Marinas Protegidas en Canarias 2026, el primer diagnóstico científico que analiza la efectividad real de la red de protección marina del archipiélago y plantea una hoja de ruta para alcanzar el objetivo global de proteger el 30% del océano antes de 2030.
El estudio ha sido elaborado en el marco del plan de acción del Comité de Expertos (CEXPE) del Proyecto MPAs Canary Islands, y aplica por primera vez en Canarias la metodología internacional The MPA Guide, desarrollada por expertos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en colaboración con otras organizaciones internacionales. Sus autores son Eva Meyers, del Leibniz Institute for the Analysis of Biodiversity Change y el Angel Shark Project, junto a Héctor Toledo y Carolina Bousquet, también del Angel Shark Project. Han participado como revisores Ricardo Haroun, Yaiza Fernández y Ayoze Castro, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y Octavio Llinás, del proyecto MPAs Canary Islands.
Las zonas protegidas están integradas principalmente en la Red Natura 2000, instrumento de la Unión Europea para la conservación de hábitats y especies, que los científicos del proyecto consideran el pilar fundamental de la protección marina en las islas. Esta red se complementa con otras figuras, como las Reservas Marinas de Interés Pesquero ubicadas en La Palma, El Hierro y La Graciosa e Islotes del Norte de Lanzarote. Existen además diversas propuestas de nuevos espacios protegidos que, de materializarse, ampliarían de forma significativa la cobertura de AMPs en la demarcación. Entre ellas figuran el Parque Nacional Marino del Mar de Las Calmas, en El Hierro, y el nuevo Parque Nacional de Guguy, en Gran Canaria.
«Ampliar la superficie de áreas marinas protegidas no es suficiente por sí solo; su verdadero valor depende de una gestión eficaz, del seguimiento continuo y de la evaluación periódica de las medidas, para garantizar que generen resultados reales de conservación y puedan mejorarse con el tiempo», señala Eva Meyers, líder del estudio.




