El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, y su homólogo canadiense, Steven MacKinnon, han firmado este jueves en Madrid un Memorando de Entendimiento (MoU) por el que ambos gobiernos se comprometen a conectar los puertos de España y Canadá mediante un corredor marítimo verde por el Atlántico. El acuerdo, sellado en el marco de una reunión bilateral, define el contexto y el alcance del futuro corredor, su estructura y los pasos que ambos países deberán dar para llevarlo a la práctica.
El memorando establece que la ruta atlántica priorizará el uso de combustibles y sistemas de propulsión descarbonizados que no añadan gases de efecto invernadero al sistema global a lo largo de todo su ciclo de vida, desde la producción hasta el consumo. El planteamiento abarca la operación de los buques, el origen del combustible y la cadena logística asociada, sin limitarse por tanto a las emisiones que un barco produce en travesía.
Durante la reunión, Puente ha manifestado el compromiso de España con la descarbonización del transporte, que en su exposición implica el desarrollo de políticas públicas integrales con impacto sobre las infraestructuras, el transporte público, la planificación urbana, la digitalización, las energías limpias y los patrones de movimiento de la ciudadanía. El ministro ha subrayado el interés común de España y Canadá por articular un corredor descarbonizado a través del Atlántico que conecte los puertos canadienses con Europa, y en particular con España.
Los denominados corredores marítimos verdes son rutas comerciales entre dos o más puertos en las que los actores implicados —navieras, autoridades portuarias, proveedores de combustible y administraciones— acuerdan operar con tecnologías y combustibles de bajas o cero emisiones. El concepto tomó forma internacional a partir de la Declaración de Clydebank, adoptada durante la COP26 de Glasgow en 2021, en la que un grupo de países se comprometió a establecer al menos seis corredores de este tipo antes de 2025. Desde entonces, distintos gobiernos y organismos han diseñado rutas piloto que sirven de banco de pruebas para tecnologías todavía en fase de despliegue.




