Hace once años, el 24 de julio de 2013, se produjo un incidente significativo en las aguas que rodean el Peñón de Gibraltar, involucrando a pescadores españoles y las autoridades gibraltareñas. Este conflicto surgió cuando un remolcador gibraltareño lanzó bloques de hormigón al fondo marino, provocando una fuerte reacción por parte de los pescadores españoles y una respuesta defensiva de las autoridades de Gibraltar.
El patrón del barco pesquero Divina Providencia, Francisco Gómez, alertó en esa ocasión a la Guardia Civil denunciando lo que consideraba una «nueva provocación» de Gibraltar, argumentando que los bloques de hormigón estaban destinados a espantar a los peces del caladero. Según Gómez, el remolcador, identificado como Elliot, lanzó más de 20 bloques de gran tamaño con puntas de hierro al mar.
La Guardia Civil respondió enviando una patrullera a la zona para investigar la situación. Al llegar, la patrullera preguntó al remolcador sobre su actividad, pero este no respondió y abandonó el lugar. Testigos presenciales indicaron que posteriormente una embarcación de la Policía de Gibraltar se acercó para conocer los detalles del incidente, sin que se registraran momentos de tensión entre las partes.
Gómez, quien había tenido varios enfrentamientos previos con la Policía gibraltareña y estaba acusado de infringir las leyes de pesca del Peñón, expresó su preocupación por la pérdida del caladero en la zona conocida como Campo de la Virgen. El patrón afirmó que los bloques de hormigón, con puntas de hierro sobresalientes, impidieron el uso de redes de pesca, afectando negativamente la subsistencia de los pescadores locales.




