Lucrecia González-Santiago (Cádiz 1958) está de regreso. Tras varios años alejada de los circuitos artísticos, que no del arte, la pintora afincada en Tarifa vuelve a mostrar parte del corpus creativo que ha desarrollado en este periodo de ausencia.
Su regreso oficial se ha escenificado en su ciudad natal donde acaba de clausurar la muestra `Latido´, en el Castillo de Santa Catalina. En dicha muestra, González-Santiago presentó piezas relativas a las distintas series configuradas por sus referentes temáticos: retratos de familia, plantas, flores, gallinas, perros, pájaros y, por supuesto, la pintura como tema en sí mismo. Su mundo inmediato. Sus vivencias diarias, sus querencias y sus pasiones de siempre. Todo aquello que configura su sentido vital y que impulsan su latido personal.
Una temática que se mueve entre lo íntimo personal y la relación directa con la naturaleza solo puede ser reflejada pictóricamente, y así es el caso, de manera orgánica, visceral y atendiendo a la honestidad del sentimiento. De ahí que las sensaciones primarias que se perciben al enfrentarse a la obra de Lucrecia sean la coherencia y la verdad en cada una de las piezas.
Para Lucrecia González-Santiago pintar es vivir y, por lo tanto, es resistencia, superación y experimentación. Esa aventura creativa se adentra en las posibilidades del monotipo, del lienzo, del papel, de la tabla, de los distintos materiales y de todas las derivas y azares que aparezcan. Todo es bienvenido y aprovechado por el conocimiento de la artista. No solo no huye de retos sino que los provoca.



