La Unión Europea y Filipinas han alcanzado un acuerdo de fondo en las negociaciones de su futuro acuerdo de libre comercio (ALC), un entendimiento político que sitúa a ambas partes en la fase final del proceso negociador. Los equipos deberán completar ahora los aspectos técnicos pendientes antes de proceder a la conclusión definitiva del tratado durante los próximos meses.
El acuerdo ha sido anunciado este martes por el comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maroš Šefčovič, y la secretaria de Comercio e Industria de Filipinas, Maria Cristina Aldeguer-Roque, después de mantener una videoconferencia centrada en los últimos asuntos de la negociación.
El entendimiento todavía no supone la entrada en vigor del tratado. La Comisión Europea ha precisado que ambas partes deberán ultimar las negociaciones sobre la base del acuerdo político alcanzado, incluida la determinación de su aplicación y la definición de los detalles técnicos pendientes. Posteriormente deberán completarse los procedimientos necesarios para su aprobación.
El futuro acuerdo afectará a unas relaciones comerciales que actualmente suman cerca de 28.000 millones de euros anuales entre mercancías y servicios. El intercambio bilateral de bienes alcanzó los 17.600 millones de euros en 2025, mientras que el comercio de servicios se situó en 10.300 millones durante 2024.
La UE fue en 2025 el cuarto socio comercial de Filipinas y concentró el 8,3% del comercio total de mercancías del país asiático. La relación también cuenta con una dimensión inversora significativa. El volumen de inversión extranjera directa de la UE en Filipinas asciende a 15.400 millones de euros, frente a los 2.400 millones correspondientes a inversiones filipinas en territorio comunitario.
Uno de los principales elementos del futuro tratado será la reducción de las barreras arancelarias. El acuerdo contempla la liberalización de más del 94% de las líneas arancelarias, que representan más del 97% del comercio bilateral. Filipinas, con una población superior a los 110 millones de habitantes, constituye un mercado de especial interés para diferentes sectores exportadores europeos.
Entre las principales ventas industriales de la UE al mercado filipino figuran la maquinaria y los electrodomésticos, el material de transporte, los medicamentos y los aparatos médicos. En el ámbito agroalimentario tienen peso los productos cárnicos, especialmente el cerdo y las aves de corral, además de los productos lácteos y las bebidas espirituosas.
El acuerdo también establecerá normas para el acceso a la contratación pública filipina. Según la Comisión Europea, el mercado de contratación pública del país se abrirá por primera vez a licitadores extranjeros bajo las condiciones contempladas en el tratado.
Otro de los capítulos aborda la protección de los derechos de propiedad intelectual e incorpora una relación de indicaciones geográficas europeas. A ello se suman disposiciones destinadas al comercio digital, con normas relativas a los intercambios comerciales por medios electrónicos, la privacidad de los datos y la protección de los consumidores.
Las medidas sanitarias y fitosanitarias y los obstáculos técnicos al comercio forman igualmente parte del texto negociado. El objetivo es establecer procedimientos transparentes para las empresas de ambas partes y reducir determinados costes asociados a las operaciones comerciales, manteniendo los requisitos regulatorios correspondientes.
El tratado incorpora además compromisos vinculados con el comercio y el desarrollo sostenible. El respeto de los derechos humanos y del Acuerdo de París se incluye entre los elementos esenciales de la relación comercial, junto con disposiciones específicas sobre sostenibilidad.
La energía y las materias primas constituyen otro de los ámbitos incluidos en la negociación. El futuro marco establecerá reglas para las inversiones relacionadas con estos sectores, entre ellas las destinadas a proyectos de energías renovables. Estas materias tienen una especial relevancia dentro de la política comercial europea por su relación con la diversificación de proveedores y las cadenas internacionales de suministro.
El acuerdo se inscribe en la estrategia de la UE de ampliar sus relaciones comerciales en la región indopacífica y diversificar mercados y suministradores. Bruselas mantiene negociaciones comerciales con otros países del sudeste asiático y considera a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) una de las áreas de interés de su política comercial.
Las conversaciones entre Bruselas y Manila cuentan con más de una década de antecedentes. La UE y Filipinas iniciaron por primera vez las negociaciones para un acuerdo de libre comercio en 2015, aunque posteriormente quedaron interrumpidas. El proceso se reanudó formalmente en marzo de 2024 con la intención de establecer un marco comercial actualizado que incorporase, además del acceso a los mercados, cuestiones relacionadas con sostenibilidad, inversión, contratación pública y comercio digital.
Tras el entendimiento político anunciado este martes, los equipos negociadores trabajarán en la resolución de las cuestiones técnicas pendientes y en la configuración definitiva del acuerdo. Una vez cerrado el texto, deberá seguir los procedimientos institucionales correspondientes antes de que pueda entrar en vigor.