La transformación urbana de los muelles portuarios ante el desafío del cambio climático centró los debates del encuentro El puerto de Málaga en 360º, organizado por los Cursos de Verano de la Sede Tecnológica de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en la capital de la Costa del Sol.
En este encuentro, dirigido por Mª Pilar Fernández-Fígares, de la Fundación Málagaport, y Elvira Maeso y Mª José Andrade, de la Universidad de Málaga (UMA), se analizaron los modelos internacionales para convertir los antiguos recintos comerciales en espacios habitables y biodiversos.
El arquitecto Sergi Carulla, cofundador del estudio SCOB y responsable de proyectos de referencia como la transformación de la Marina Port Vell de Barcelona, planteó la necesidad de dejar atrás el diseño tradicional de los muelles. «Es un error seguir diseñando los muelles portuarios como simples plataformas de hormigón», manifestó el paisajista, quien recordó que en la actualidad «la ecología urbana, la circularidad, la sostenibilidad y el acceso al espacio público requieren que las ciudades y los puertos trabajen en sinergia».
Carulla explicó que los espacios portuarios son lugares especialmente expuestos a una insolación importante, donde los materiales utilizados en las reformas de los años 90, como el asfalto, actúan de forma negativa en la emanación de calor. Frente a esto, su estudio propone la implantación de «islas climáticas» basadas en una estrategia de «acupuntura urbana adaptada al contexto para aportar salud, vegetación y sombra».
«Usamos resinas que bajan la temperatura de contacto de la superficie unos 3 o 4 grados; sumado al agua y la vegetación, conseguimos entornos mucho más confortables», explicó el experto.
El arquitecto también puso sobre la mesa el valor del patrimonio histórico e industrial, tomando como referencia su propuesta del Blue Tech Port de Barcelona en antiguos tinglados. Para Carulla, estas naves no deben convertirse únicamente en establecimientos de restauración o zonas de compras masivas, sino en espacios con capacidad de transformarse para acoger usos contemporáneos.
«Es necesario atraer la cotidianidad al puerto, entendida como la presencia de sectores científicos, universitarios y de investigación, y no solo turistas o restauración. Queremos que los puertos contribuyan a la economía azul, la de la reutilización y el contacto con las ciencias del mar, y se conviertan en polos de innovación», señaló el arquitecto, quien añadió que el patrimonio define el carácter y la identidad portuaria.
A modo de conclusión, y como principal mensaje para los estudiantes y futuros profesionales de la gestión territorial, Carulla incidió en que los recintos marítimos no deben entenderse nunca como entes independientes de los núcleos urbanos.
«El mensaje principal es que los puertos son parte de la ciudad», concluyó el arquitecto. Bajo esta premisa, recordó que, aunque deben conservar su actividad industrial y logística por ser pilares fundamentales de la economía, tienen la obligación de «acercarse a la sociedad siendo un espacio público confortable, verde, saludable y biodiverso sin perder la memoria y la identidad que los hace singulares».