La APBA pone en marcha la recuperación del Fuerte de Punta Carnero tras adjudicar la primera fase de recuperación
La empresa Ampe Obras e Ingeniería ejecutará en seis meses los trabajos de localización, excavación y consolidación de las ruinas del reducto militar del siglo XVIII, financiados por el programa 2% Cultural
La Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA) ha adjudicado a la empresa Ampe Obras e Ingeniería la primera fase del proyecto de recuperación del antiguo Fuerte de Punta Carnero, una intervención arqueológica presupuestada en 169.891 euros que se ejecutará en un plazo de seis meses. Los trabajos, financiados por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible a través del programa 2% Cultural, se integran en el Plan de Conservación y Puesta en Valor del Patrimonio Histórico de la APBA (PCPVPH), aprobado en 2021.
El objetivo de esta primera fase no es restaurar, sino determinar qué se conserva bajo tierra. La actuación consiste en una excavación arqueológica extensiva para detectar, identificar y cualificar los restos del recinto fortificado, incluyendo la localización de los espacios interiores inmediatos a los elementos que aún asoman en superficie, hasta alcanzar los niveles de pavimento originales si se conservan. La intervención comenzará con el desbroce del área y la retirada de dos depósitos de agua superficiales con base de hormigón y restos de tuberías de acero. A continuación se practicarán seis catas arqueológicas para delimitar el recinto y localizar los muros ocultos, seguidas de una excavación extensiva bajo control arqueológico permanente. Gran parte de los trabajos deberán ejecutarse por medios manuales, reservando maquinaria compacta únicamente como apoyo puntual en áreas donde no se hayan identificado estructuras emergentes. Los muros que requieran consolidación urgente recibirán limpieza, saneado y enfoscado con mortero de cal hidráulica, y un levantamiento topográfico detallado completará la documentación del estado real del fuerte.
Los resultados de esta excavación aportarán la información necesaria para definir las siguientes fases de la intervención, con el objetivo final de recuperar el fuerte y abrirlo a las visitas públicas. La propia documentación del expediente señala que la definición de los trabajos es necesariamente abierta, dado que la excavación proporcionará datos nuevos que determinarán el alcance de las consolidaciones y orientarán las fases posteriores.
Las ruinas del Fuerte de Punta Carnero se encuentran dentro del dominio público portuario adscrito al faro del mismo nombre, en el término municipal de Algeciras. El enclave se sitúa al oeste de la bahía, a las puertas del Estrecho de Gibraltar y dentro del Parque Natural del Estrecho, en un tramo de costa acantilada de notable valor paisajístico. El fuerte está inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural (Monumento), amparado por el Decreto de 22 de abril de 1949 sobre protección de castillos y la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español, y cuenta además con protección urbanística en el PGOU de Algeciras.
La historia de la fortificación está vinculada a la política de defensa de la Bahía de Algeciras emprendida por España tras la pérdida de Gibraltar el 4 de agosto de 1704. El ingeniero militar belga Jorge Próspero de Verboom, Ingeniero General de los Reinos de España, diseñó en la década de 1730 un cinturón de fortificaciones costeras que se extendía desde la batería de la Atunara, en La Línea de la Concepción, hasta el fuerte de El Tolmo, al sur de Algeciras. El principio rector era que cada posición debía poder cruzar fuego artillero con al menos otra, de modo que ningún buque enemigo pudiera atacar un punto sin quedar atrapado entre dos líneas de cañones. El sistema articulaba grandes fuertes abaluartados como los de Santa Bárbara, San Felipe, Isla Verde, San García, Punta Mala y El Mirador, capaces de montar entre 4 y 26 piezas de grueso calibre, junto con fuertes no abaluartados, pequeñas baterías y una red de torres vigía que garantizaba la detección temprana.
El Fuerte de Punta Carnero ocupaba la posición más avanzada de toda la cadena defensiva: el punto exacto donde la bahía se abre al Estrecho. Cualquier flota que intentase penetrar desde el suroeste debía pasar bajo sus fuegos. La fortificación se levantó hacia 1730 sobre acantilados a unos 20 metros sobre el nivel del mar. Su elemento central era una batería en forma de herradura a barbeta orientada al sureste, capaz de alojar hasta seis piezas de artillería de gran calibre. El recinto incluía un repuesto de pólvora, un tinglado de pertrechos y dos cuerpos de guardia —uno para un oficial y veinte soldados de infantería, otro para un cabo y ocho artilleros—, cerrado por la gola con un muro frente de hornabeque atronerado para fusilería. Su papel estratégico era triple: cruzaba fuego con el Fuerte de San Diego al sur y con San García al norte, sellando la continuidad artillera de la costa occidental de la bahía; los morteros incorporados antes de 1796 cubrían el ángulo muerto al pie de los acantilados, impidiendo desembarcos; y la torre almenara asociada servía como vigía avanzada y enlace óptico con toda la cadena de fuertes.
La eficacia del sistema quedó demostrada el 6 de julio de 1801, cuando el escuadrón británico del contralmirante Saumarez atacó navíos franceses fondeados en la bahía. El fuego cruzado de Isla Verde, San García y Santiago resultó demoledor: las baterías costeras alcanzaban más de 3.000 metros, superando la artillería naval gracias a ángulos de elevación imposibles desde la cubierta de un buque.
La vida militar del fuerte terminó en circunstancias paradójicas durante la Guerra de la Independencia. En febrero de 1810, con las tropas napoleónicas avanzando hacia el Campo de Gibraltar, el teniente-gobernador de Gibraltar ordenó la demolición de todas las fortificaciones costeras españolas de la bahía para evitar que los franceses pudieran usar la artillería contra los propios aliados y contra el Peñón. El 14 de febrero de 1810, el coronel Sir Charles Holloway, Commanding Royal Engineer de Gibraltar, dirigió la destrucción de las principales líneas españolas, incluida la Línea de Contravalación que había dado origen a La Línea de la Concepción. Punta Carnero fue volado por completo. La demolición se ejecutó con lo que las fuentes describen como «supuesta aquiescencia» de la autoridad militar española. De las más de 20 fortificaciones del sistema original, el Fuerte de Isla Verde fue el único que escapó a la destrucción británica.
Los sillares y mampuestos del fuerte quedaron esparcidos entre los escombros y con el tiempo fueron expoliados como material de acarreo para construcciones cercanas. En 1864, el ingeniero Jaime Font y Escolá proyectó el Faro de Punta Carnero directamente sobre las ruinas de la fortificación, utilizando incluso piedras del fuerte. El faro se inauguró en 1874 y bajo su planta quedaron sepultados los últimos vestigios visibles del recinto militar. Hoy, solo dos elementos asoman entre la vegetación: el contorno apenas legible de la batería semicircular al sureste y escasos restos de muros en el lado oeste. El plano más detallado que se conserva de la fortificación fue levantado por el ingeniero catalán Segismundo Font y de Milans en la década de 1760, cuando servía como comandante del Cuerpo de Ingenieros en el Campo de Gibraltar. Ese documento, custodiado en el Instituto Histórico de Cultura Militar de Madrid, será la guía que los arqueólogos seguirán para localizar la batería semicircular, los cuerpos de guardia y el hornabeque atronerado.
El mecanismo que hace posible la financiación tiene su origen en el artículo 68 de la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985, que estableció la obligación de reservar al menos el 1% del presupuesto de cada obra pública estatal para la conservación del patrimonio. Ese porcentaje creció al 1,5% en 2014 y alcanzó el 2% actual con la Ley 14/2021. El programa 2% Cultural funciona por concurrencia competitiva y desde su creación ha financiado 1.294 proyectos por un importe acumulado superior a 805 millones de euros. En enero de 2025, el Ministerio de Transportes presentó cuatro proyectos de Puertos del Estado al programa, por un total de 2.987.097 euros: los tinglados del Muelle de Costa en el Puerto de Tarragona, la Baliza Nordeste III en Melilla, la tercera fase de rehabilitación del Cable Inglés en Almería —que ya acumula 5,2 millones de inversión— y la primera fase del Fuerte de Punta Carnero.
La recuperación de Punta Carnero no es una actuación aislada. El PCPVPH de la APBA cataloga 48 elementos inmuebles y 391 fichas de bienes muebles. El proyecto de mayor envergadura es el Fuerte de Isla Verde, con una inversión acumulada de unos 2,3 millones de euros en tres fases. La segunda fase (2020-2021) reveló hallazgos como un pozo de agua dulce anterior al siglo XII y un enterramiento posiblemente cristiano medieval. La tercera fase, licitada por unos 2,5 millones, incluye musealización con sala inmersiva de realidad virtual. En Tarifa, la APBA ha adjudicado la rehabilitación del Faro de la Isla de las Palomas por 603.311 euros para convertirlo en centro de interpretación.
El enclave donde se asienta el fuerte es uno de los paisajes más singulares de la región. La punta marca el extremo oriental del Parque Natural del Estrecho, declarado en 2003 y con casi 19.000 hectáreas protegidas entre Algeciras y Tarifa, además de ser Reserva de la Biosfera de la UNESCO, Zona Especial de Protección para las Aves y Lugar de Importancia Comunitaria. Desde los acantilados, la panorámica abarca la costa africana con el Djebel Musa al sur, el Peñón de Gibraltar al este, el arco urbano de San Roque al norte y el Atlántico abierto hacia Tarifa al oeste. El Faro de Punta Carnero, torre cilíndrica de sillería de arenisca amarilla que se alza 19 metros sobre el terreno, fue el último faro de la APBA donde vivió un farero, hasta 2018. Actualmente se tramita una concesión para convertir las viviendas anexas en alojamiento turístico dentro del proyecto «Faros de España» de Puertos del Estado.
La pregunta que la excavación debe responder es concreta: qué sobrevivió a la voladura del coronel Holloway, al expolio posterior de los canteros y al peso de más de dos siglos de sedimentación bajo el faro. Los seis meses de plazo del contrato darán la respuesta.