El Puerto de Róterdam ha publicado su plan de transición climática, un documento que establece una estrategia integrada para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el conjunto del área portuaria. El plan abarca no solo las emisiones directas de la propia autoridad portuaria —incluyendo las de sus embarcaciones, la energía adquirida y los desplazamientos del personal—, sino también las generadas por las empresas que operan en el puerto y por el tráfico marítimo dentro del área de gestión de la Capitanía del Puerto, categoría que representa una parte sustancial del total de emisiones. Aunque estas últimas no están bajo su control directo, la Autoridad del Puerto de Róterdam afirma su compromiso de reducirlas en línea con los objetivos climáticos neerlandeses.
Esta primera versión del plan de transición climática establece metas y acciones basadas en la política vigente hasta 2030, con una perspectiva a largo plazo que se extiende hasta 2050. El documento consolida las iniciativas de la autoridad orientadas a la reducción de emisiones de GEI y precisa el alcance de su control e influencia sobre las emisiones en el área portuaria. El objetivo a largo plazo es alcanzar la neutralidad climática en todo el puerto para 2050, para lo cual la autoridad prevé invertir en infraestructura energética, establecer asociaciones internacionales, atraer empresas sostenibles y apoyar la transición de las compañías y del sector logístico.
La autoridad portuaria señala que «la velocidad de la transición energética y de recursos en el Puerto de Róterdam depende de diversos factores y partes interesadas», y que la cooperación de las empresas instaladas en el puerto, los proveedores de energía y las distintas administraciones resulta determinante.
En cuanto a los objetivos concretos, el plan contempla una reducción del 55% en las emisiones de las empresas del área portuaria para 2030 respecto a los niveles de 1990, mientras que las emisiones del tráfico marítimo en el área de control náutico deberán caer un 20% en comparación con 2019. Para el tráfico de contenedores, los esfuerzos de descarbonización se articulan en torno al despliegue de conexiones de corriente en tierra en las principales terminales. El objetivo es que en 2030 al menos el 90% de los buques de altura, ferris, cruceros, embarcaciones Ro-Ro y portacontenedores que recalen en Róterdam utilicen corriente en tierra durante su estancia en el puerto, lo que se estima que generará una reducción anual de alrededor de 200.000 toneladas de CO₂.



