El Parque Natural del Estrecho, que se extiende entre los términos municipales de Tarifa y Algeciras, ha sido desde la Antigüedad un territorio estratégico en el que confluyen culturas, rutas marítimas y grandes migraciones animales. Este enclave de unas 19.000 hectáreas marítimo-terrestres ha albergado desde asentamientos romanos vinculados a la pesca y al comercio del garum hasta comunidades actuales que conviven con un espacio protegido de alto valor natural y cultural.
En época romana, las poblaciones de Carteia, Tarifa, Bolonia o Barbate funcionaban como asentamientos pesqueros y puertos comerciales, especialmente vinculados a las factorías de salazones. El producto estrella era el atún rojo, cuya migración estacional por el Estrecho ha sido aprovechada durante milenios por las distintas civilizaciones mediante técnicas de captura como la almadraba, todavía vigente en localidades como Barbate, Zahara o Conil.
El fenómeno migratorio del atún rojo, que cruza el Estrecho dos veces al año en su trayecto entre el Atlántico y el Mediterráneo, ha determinado tanto la economía pesquera como las relaciones culturales de la zona. Su presencia, observada ya por los antiguos pobladores prehistóricos, está estrechamente ligada a la caza de las orcas (Orcinus orca), depredador que sigue este recurso marino y cuya interacción con el hombre ha quedado reflejada en pinturas rupestres como la llamada “cueva de las orcas” en Zahara de los Atunes.
La importancia ecológica del Estrecho no se limita a las migraciones de peces. Cada año más de dos millones de aves cruzan este corredor natural, lo que ha motivado que el Parque sea declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en 2003. En 2012 se reconoció como Zona de Especial Conservación (ZEC) dentro de la Red Natura 2000, integrándose además en la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo Andalucía–Marruecos declarada por la UNESCO.




