Los dos centros industriales de Moeve en San Roque —el Parque Energético y la Planta Química Puente Mayorga— invirtieron 100,7 millones de euros durante 2025 en actuaciones vinculadas a la gestión ambiental, según recogen las declaraciones ambientales EMAS de ambas instalaciones. El desglose sitúa al Parque Energético como el mayor receptor, con más de 51 millones, mientras que Puente Mayorga concentró más de 49 millones. En los últimos tres ejercicios, la compañía ha destinado cerca de 224 millones a este tipo de actuaciones en el Campo de Gibraltar, una cifra que da idea del ritmo inversor sostenido de la compañía en sus centros industriales del sur.
Las inversiones se han concentrado en cuatro grandes bloques: descarbonización, eficiencia energética, mejora ambiental de los procesos productivos y protección del entorno. Ambos centros han sometido sus resultados a la auditoría externa de AENOR, que ha renovado la certificación del sistema de gestión ambiental conforme a la norma ISO 14001 y ha validado las declaraciones ambientales EMAS del ejercicio. Se trata de un esquema europeo de carácter voluntario, con exigencias más estrictas que las de una certificación estándar y con obligación de publicar los resultados anuales.
En el Parque Energético San Roque, el consumo de agua se redujo un 17% respecto a 2023, gracias a las mejoras en la red de aguas pluviales y a la puesta en marcha del nuevo emisario, que amplía la capacidad de tratamiento y ha permitido bajar hasta un 14% el vertido final respecto a hace tres años. Durante el ejercicio, la instalación recirculó 733.000 metros cúbicos de agua, tras la entrada en funcionamiento en 2024 de la planta de recirculación. Estas cifras son especialmente relevantes en un territorio con estrés hídrico recurrente como el Campo de Gibraltar. En materia de residuos, el centro alcanzó una tasa de valorización del 61,5% y sigue tramitando los permisos ambientales necesarios para el coprocesado de residuos SANDACH —subproductos animales no destinados al consumo humano— como materia prima para soluciones energéticas, un proyecto que sitúa a la refinería en una lógica de economía circular con la cadena alimentaria del entorno.
Rosendo Rivero, director del Parque Energético San Roque, ha señalado que «la Declaración Ambiental EMAS recoge los avances alcanzados durante el último ejercicio en materia de gestión ambiental. Las actuaciones desarrolladas en 2025 han contribuido a mejorar distintos indicadores relacionados con el uso eficiente de los recursos y el comportamiento ambiental de las instalaciones. Estos resultados ponen de manifiesto la evolución de nuestros indicadores ambientales y el trabajo realizado en el marco de la mejora continua y de una gestión responsable, en línea con nuestros compromisos de sostenibilidad y diálogo con el entorno».
La Planta Química Puente Mayorga superó el 60% de valorización de residuos y sumó nuevos cambiadores de alta eficiencia en la unidad PACOL, además de mejoras en los precalentadores de distintos hornos de la instalación, actuaciones dirigidas a reducir emisiones y ganar eficiencia energética. Otro de los cambios operativos del ejercicio ha sido la reclasificación del ácido sulfúrico generado en la planta como subproducto, tras un proceso técnico y administrativo que se ha prolongado durante más de dos años. La medida convierte un flujo que antes se contabilizaba como residuo en un recurso con valor de mercado, mejora la eficiencia de los procesos y reduce la generación de residuos del centro. Es un tipo de operación poco visible desde fuera pero con impacto directo en los balances ambientales anuales.
Javier López Pupo, director de la Planta Química Puente Mayorga, ha apuntado que la declaración ambiental EMAS 2025 refleja «el compromiso inversor de la compañía, año tras año, de seguir implantando mejoras en una instalación considerada como uno de los centros de referencia más innovadores del sector; en 2025 se han llevado a cabo importantes actuaciones orientadas a la optimización de los procesos, la eficiencia energética y la descarbonización, con el objetivo de acelerar la transformación iniciada en Moeve y ampliar nuestra cartera de productos sostenibles».
Los dos centros trabajan bajo una hoja de ruta de economía circular reconocida con certificación de AENOR, centrada en reducir la captación de agua dulce, maximizar el uso de residuos como materia prima —para bajar los envíos a depósito controlado— y proteger la biodiversidad de los entornos industriales. Las instalaciones también cuentan con la certificación ISO 50001 de gestión energética, cuyo objetivo es reducir el consumo, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y aprovechar los excedentes térmicos y eléctricos. En conjunto, la compañía ha ido tejiendo una arquitectura de certificaciones cruzadas que ordena las decisiones industriales alrededor de indicadores medibles y verificables por tercera parte.
En paralelo, se ha verificado la memoria ambiental de la terminal marítima del Parque Energético San Roque para dar cumplimiento a la Guía de Buenas Prácticas Ambientales de Puertos del Estado, un documento que fija estándares para las instalaciones industriales que operan en dominio portuario. Las declaraciones EMAS incluyen, además, información sobre control de ruidos, gestión de las emisiones al aire y acciones formativas y de sensibilización dirigidas al personal. Todos estos informes están disponibles públicamente en la web de la compañía, junto con los datos verificados que dan soporte a cada indicador.
La política de biodiversidad se canaliza a través de la Fundación Moeve, creada en 2016. Uno de sus proyectos de referencia es la Estación Ambiental Madrevieja, en San Roque, un espacio natural donde se conserva el humedal y donde se desarrollan actividades de educación ambiental y proyectos de recuperación de especies como la lechuza común y el galápago europeo. Madrevieja ha recibido más de 14.000 visitantes desde su apertura al público, hace más de una década, y funciona como pieza de conexión entre la actividad industrial de la compañía y el tejido educativo y ambiental del entorno.
El registro EMAS es una herramienta voluntaria de la Unión Europea que reconoce a las organizaciones que han implantado un sistema de gestión ambiental y se someten a auditorías independientes periódicas para verificar su mejora continua. La Planta Química Puente Mayorga cuenta con este registro desde 1997 y el Parque Energético San Roque desde 1999, dos de las trayectorias más largas del sector industrial español en este esquema. Moeve mantiene así una línea de continuidad de casi tres décadas en la publicación anual de sus indicadores ambientales en San Roque, con auditoría externa y acceso público a los datos.