Un equipo de investigadores pertenecientes al Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha partido desde el puerto de Málaga a bordo del buque de investigación pesquera y oceanográfica Miguel Oliver. Esta embarcación, propiedad de la Secretaría General de Pesca, ha comenzado la campaña denominada MEDITS_ES_2026. La misión principal de esta expedición, que tiene prevista su finalización el próximo 18 de julio, consiste en calcular la abundancia y la composición de las poblaciones de las especies que centran la actividad de la pesquería de arrastre. De igual manera, los científicos examinarán la integridad de las comunidades bentónicas y las consecuencias de la actividad pesquera sobre los diversos ecosistemas del mar Mediterráneo.
La labor de estudio se ha estructurado en tres etapas diferenciadas. En primer lugar, los trabajos se han localizado en las aguas del mar de Alborán. Posteriormente, el buque realizará un recorrido ascendente por todo el litoral mediterráneo peninsular hasta alcanzar la zona de Palamós. La fase final de la expedición se llevará a cabo en el archipiélago balear, con operaciones específicas en el entorno de Dragonera, Mallorca, Cabrera y Menorca. A lo largo de esta trayectoria, el equipo técnico pondrá el foco en especies demersales que resultan fundamentales para el arrastre de fondo. El análisis integrará datos sobre el estado de poblaciones con un alto valor comercial y ecológico, entre las que se encuentran la merluza, la gamba blanca, la gamba roja, la cigala, el jurel, la breca, el salmonete de fango, el pulpo y el rape.
El diseño de estas campañas científicas se realiza de forma independiente a la actividad de la flota comercial con el fin de eludir los sesgos derivados del comportamiento de los pesqueros. Este método se emplea de manera global como una herramienta para obtener evaluaciones técnicas precisas sobre los recursos disponibles. A través de este sistema, el personal especializado recopila datos sobre los parámetros biológicos de las especies y sus hábitos alimenticios, además de estudiar las propiedades fisicoquímicas de las masas de agua. Héctor Villa, jefe del Área de Pesquerías del IEO-CSIC, ha señalado que estas investigaciones se iniciaron en 1994 bajo una coordinación internacional que incluye a la mayoría de los países de la cuenca mediterránea, lo que ha permitido generar una base de datos histórica necesaria para entender la evolución de los ecosistemas marinos.
Los registros biológicos y ambientales obtenidos durante la campaña se trasladarán a los grupos de evaluación del Comité Científico, Técnico y Económico de Pesca (STECF) y de la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (GFCM). Estas entidades utilizan la información para elaborar recomendaciones científicas destinadas a establecer niveles de esfuerzo pesquero que garanticen la sostenibilidad. Estos datos sirven de base para la toma de decisiones y la gestión de políticas pesqueras dentro de la Unión Europea. La campaña forma parte del Programa Nacional de Datos Básicos orientado a la gestión de los recursos marinos.
El desarrollo de esta expedición cuenta con la cofinanciación del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA). El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha facilitado para estos trabajos el buque Miguel Oliver, que dispone de 70 metros de eslora y cuenta con equipamiento tecnológico para la investigación científica, incluyendo seis laboratorios especializados, tres radares y tres ecosondas. La construcción de esta unidad se ajustó a los estándares de buque ecológico y silencioso, siguiendo la normativa internacional ICES 209 para reducir la emisión de ruidos y vibraciones, lo que limita la interferencia en el entorno marino mientras se realizan las mediciones.



