Un equipo internacional de investigadores liderado por el Centro Oceanográfico de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con las universidades de Bergen y Oslo, ha analizado los mecanismos que permiten al atún rojo reproducirse con éxito en el Mediterráneo occidental, a pesar de la baja productividad de sus aguas superficiales durante el verano.
El estudio concluye que la clave está en la capacidad de las larvas para mantener una dieta flexible y eficiente basada en presas escasas, pero de alto valor nutricional. En un entorno donde el plancton disponible es limitado, las larvas aprovechan pequeños organismos como nauplias, copépodos y cladóceros, que les aportan la energía necesaria para mantener tasas de crecimiento adecuadas.
La investigación se ha apoyado en un modelo bioenergético que integra variables de metabolismo, temperatura del agua y disponibilidad de presas. Este enfoque ha permitido estimar las condiciones en las que las larvas pueden crecer y sobrevivir. Los resultados muestran que, incluso en zonas con baja densidad de alimento, los juveniles logran cubrir sus demandas energéticas siempre que incorporen a su dieta organismos con mayor contenido calórico.
No obstante, los científicos advierten de un límite térmico. Según el estudio, cuando la temperatura del agua se aproxima a los 28 °C, las larvas ya no son capaces de compensar su metabolismo acelerado con el alimento disponible. Este umbral se convierte en un factor de riesgo en escenarios de calentamiento global y en la creciente incidencia de olas de calor marinas en el Mediterráneo.



