La congestión en las terminales de contenedores de los puertos de Amberes-Brujas y Róterdam continúa intensificándose, hasta el punto de que varias de estas instalaciones operan actualmente al límite de su capacidad. Esta situación ha generado una presión sostenida sobre las cadenas logísticas, dificultando la planificación operativa y reduciendo la flexibilidad en los flujos de mercancías.
En el caso de Amberes, la elevada ocupación se ha mantenido durante los últimos meses, generando retrasos en las operaciones terrestres y limitaciones en la asignación de atraques. Las terminales han alcanzado un punto en el que los márgenes de maniobra son mínimos, lo que ha derivado en una ralentización generalizada de las operaciones. La saturación, lejos de ser puntual, se ha consolidado como un fenómeno estructural que afecta de forma directa a la eficiencia del sistema portuario.
A esta situación se suma el incremento de la densidad en los patios, lo que ha dificultado tanto las entregas como las recogidas de contenedores. Esta acumulación ha reducido la capacidad de absorción de nuevos volúmenes y ha provocado una pérdida de fluidez en el tránsito intermodal. La congestión también ha afectado al transporte interior, especialmente en la conexión con terminales ferroviarias y fluviales, cuya capacidad de respuesta se ha visto comprometida.
La problemática en Amberes no es un caso aislado. En Róterdam, las terminales situadas en el área de Maasvlakte también operan con altos niveles de ocupación. Durante los primeros meses del año, este enclave ha enfrentado múltiples retos, como reconfiguraciones en los servicios de línea, aumentos en el tamaño de las escalas, alteraciones en los itinerarios por cambios de alianzas navieras, condiciones meteorológicas adversas y paros laborales en determinados periodos. Aunque se han producido avances en la reducción del tiempo de atraque y en la fiabilidad de los horarios, la acumulación de tráficos sigue generando cuellos de botella.



