El presidente de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA), Gerardo Landaluce, ha valorado este martes el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre el transporte marítimo internacional y ha señalado que la escalada militar está generando una «inmediata inestabilidad e incertidumbre a los tráficos marítimos no solo en el Golfo Pérsico, sino también a nivel global». No obstante, el máximo responsable de la institución portuaria algecireña ha apuntado que, en este nuevo escenario de disrupción logística, el puerto de Algeciras puede desempeñar un papel «estratégico» en la reorganización de los flujos de mercancías a escala intercontinental.
Landaluce ha explicado que el cierre a efectos prácticos del estrecho de Ormuz y, previsiblemente, el del estrecho de Bab el-Mandeb suponen una vuelta atrás en el proceso de normalización del tráfico marítimo por el mar Rojo y el canal de Suez, un proceso que ya se encontraba en una fase incipiente tras los problemas de seguridad registrados en la zona durante los dos últimos años. El presidente de la APBA ha recordado que, ante esta situación, las grandes navieras de contenedores están replegando su flota y redirigiendo sus servicios nuevamente por la ruta alternativa del cabo de Buena Esperanza, bordeando el continente africano.
La valoración de Landaluce se produce en un contexto de máxima tensión en las principales arterias del comercio marítimo mundial. Desde el pasado sábado 1 de marzo, tras la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, la Guardia Revolucionaria iraní advirtió a través de transmisiones de radio que el tránsito por el estrecho de Ormuz quedaba prohibido. Aunque ningún organismo internacional ha decretado formalmente el cierre de este corredor —por el que transita aproximadamente el 20% de la producción mundial de petróleo—, los datos de seguimiento de buques procedentes de varias fuentes confirman un descenso aproximado del 70% en el tráfico total a través de la vía navegable.
La respuesta de los principales operadores del sector ha sido inmediata. MSC obligó a sus buques en el Golfo a dirigirse a áreas seguras designadas, mientras que Hapag-Lloyd suspendió completamente el paso por el estrecho de Ormuz. Maersk, por su parte, ha paralizado todos los tránsitos de sus buques tanto por Ormuz como por el canal de Suez, optando por el desvío a través del cabo de Buena Esperanza. CMA CGM ordenó a sus buques buscar refugio y detener el tránsito por el canal de Suez. Las navieras japonesas NYK, Mitsui O.S.K. Lines y Kawasaki Kisen también han detenido todas sus operaciones en la zona. A esta paralización operativa se suma la retirada de cobertura por parte de las principales aseguradoras marítimas, que han cancelado los seguros de riesgo de guerra para los buques que pretendan atravesar el estrecho, lo que en la práctica convierte el tránsito en económicamente inviable incluso sin un bloqueo naval formal.
Es precisamente en este escenario de desvío masivo de rutas donde Landaluce sitúa la oportunidad para el puerto de Algeciras y el conjunto del estrecho de Gibraltar. El presidente de la APBA ha subrayado que «en momentos de conflicto es cuando el Estrecho de Gibraltar y puertos como Algeciras son doblemente estratégicos para acoger la previsible reorganización de la logística intercontinental y, en concreto, entre Oriente Medio, Mediterráneo y Norte de Europa».
La experiencia reciente avala esta lectura. En crisis anteriores, la inseguridad en la zona del mar Rojo llegó a reducir el tráfico marítimo hasta un 50%, lo que provocó un incremento de las escalas y las operaciones de transbordo en los puertos del estrecho de Gibraltar, que funcionan como nodos logísticos naturales en la ruta alternativa por el cabo de Buena Esperanza. Rodear África puede añadir entre diez y catorce días a ciertos trayectos intercontinentales, dependiendo del puerto de origen y destino, lo que repercute directamente en la planificación de inventarios, en los tiempos de entrega y en la rotación de equipos de las navieras.
El puerto de Algeciras, principal hub de transbordo del sur de Europa, se encuentra geográficamente posicionado en la intersección entre las rutas que conectan Asia con el norte de Europa por la vía atlántica y los servicios que enlazan el Mediterráneo con África occidental y América. Su ubicación en el estrecho de Gibraltar lo convierte en una escala obligada o de alta conveniencia para los buques que transitan por la ruta del cabo de Buena Esperanza.
La situación actual representa un escenario potencialmente más complejo que el vivido desde finales de 2023 con la crisis del mar Rojo provocada por los ataques hutíes, dado que a la ya existente problemática en el estrecho de Bab el-Mandeb se añade ahora la disrupción en el estrecho de Ormuz. Un escenario con bloqueos simultáneos en Ormuz y Bab el-Mandeb supondría una presión sin precedentes sobre las rutas entre Asia, Europa y América. Las cadenas de suministro globales afrontan plazos de entrega más extensos, la necesidad de incrementar los stocks de seguridad y una mayor exposición a variaciones tarifarias si la situación se prolonga en el tiempo.
