Tres mujeres científicas andaluzas, entre las muchas investigadoras brillantes apoyadas desde CEI·Mar

Lidia Bravo y Sonia Torres investigan el uso del Limoniastrum para paliar los efectos de la esclerosis múltiple y Belén Domínguez cultiva microalgas para diversos usos

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Son mujeres, científicas y andaluzas que trabajan duro en la investigación y la transferencia del conocimiento al mundo empresarial vinculadas a través de varios proyectos al Campus de Excelencia Internacional Global del Mar y a diversas universidades. No viven, como sus predecesoras, a la sombra de sus colegas masculinos. O, al menos, no tanto. Están ocupando poco a poco el lugar que la historia les ha ido negando durante siglos. En este caso, y conmemorando el 8M, Día de la Mujer, hay tres casos ejemplares, de quienes han dado un paso adelante por la Ciencia, entre otras muchas mujeres que día a día trabajan en equipos de investigación marina.

En la vanguardia de la investigación, abriendo nuevos caminos en Salud y Mar, estas mujeres trabajan codo con codo en sus proyectos científicos

En la vanguardia de la investigación, abriendo nuevos caminos en Salud y Mar, Lidia Bravo García y Sonia Torres Sánchez trabajan codo con codo por descubrir el efecto terapéutico en el Limoniastrum monopetalum para el tratamiento de la esclerosis múltiple. Llevan meses poniendo en pie la tesis de que las hojas de esta planta que crece en zonas costeras, con abundancia en la Bahía de Cádiz, y más conocida como Salado, pueden paliar los estragos que causa esta enfermedad en las personas. Las propiedades antioxidantes y neuroprotectoras, así como la riqueza en polifenoles, entre las claves para ralentizar el avance de la esclerosis.

La investigadora principal, Lidia Bravo explica que el proyecto surge por ser miembro de los grupos de investigación CEI·Mar y de Neuropsicofarmacología y Psicobiología de la Universidad de Cádiz (UCA), único grupo adscrito al CIBER de Salud Mental (CIBERSAM) que existe en Andalucía, adscrito además al Instituto de Investigación e Innovación Biomédica de Cádiz (INiBICA). Gracias a estas sinergias y apoyos atraviesan ya el ecuador de un proyecto en el que también participan dos mujeres investigadoras más, pertenecientes al departamento de Ingeniería Química y Tecnología de los Alimentos de la UCA, la doctoras Lourdes Casas y María Teresa Fernández.

Sonia Torres argumenta que a pesar de que la profesión de científica es algo aún muy abstracto, con escasos referentes sociales, “se trata de un trabajo muy gratificante, motivador y creativo” y añade que “aunque nos preocupe la estabilidad laboral y a pesar de que ésta es una etapa dura que requiere sacrificio, estamos recorriendo un camino emocionante”. Ambas llegaron a esta profesión sin modelos a quienes seguir, solo motivadas por una gran curiosidad e inquietud ante cualquier proceso natural. Definirse como investigadoras, “ fue un proceso de aprendizaje que llegó durante el desarrollo de la carrera”, pero finalmente tomó forma, por fortuna para el resto de la sociedad.

La trayectoria de Belén Domínguez es algo diferente. También parte de una gran curiosidad y creatividad, a pesar de que nunca tuvo espejos de otros casos de mujeres científicas en los que reflejarse. Pero en su caso, se ha decantado más por el desarrollo de las técnicas y cultivos, partiendo de la investigación, que por la vida en un laboratorio. Ha creado la empresa AlgaYield, con sede en la provincia de Málaga, para lo que ha contado con una ayuda CEI·Mar incluida en la convocatoria ‘Proyectos de Innovación Empresarial con Proyección Territorial 2018’. La fundó con el objetivo de producir y vender espirulina, un tipo de microalga destinada a la alimentación humana. Aunque, debido a las necesidades que está detectando en el mercado, esta idea inicial está evolucionando hacia otros usos como el cosmético o los abonos para cultivos.

“Venía del mundo universitario, donde aprendí muchísimo pero se me quedaban un poco encorsetadas las líneas de investigación planteadas y decidí lanzarme a crear mi propia empresa”, apunta esta joven científica. Ahora está segura de que vivirá de esto, “porque encuentro clientes incluso antes de sacar la producción… Los propios proveedores van demandando productos que no encuentran en el mercado” y ya se plantea entre sus metas que AlgaYield sea un referente para otras empresas que implementen sus avances tecnológicos o técnicas de producción. Otro de los muchos objetivos que Belén tiene en mente es contribuir a la lucha contra los microplásticos gracias al uso de microalgas como materia prima.

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