La desembocadura del río Guadiario, cerrada de nuevo

La desembocadura del río Guadiaro se ha cerrado de nuevo con una barra de arena como consecuencia de los temporales y la erosión antrópica de los últimos años, lo que ha llevado a los ecologistas de Verdemar Ecologistas en Acción a denunciar la situación ante el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, pidiendo una solución a la barrera de arena que se instala en el mismo.

Al objeto de «favorecer la renovación hídrica del agua embalsada y evitar una posible mortandad de fauna acuática debido a los procesos de anoxia hay que abrir la bocana de manera puntual», los ecologistas insisten en que las intervenciones humanas realizadas en las últimas décadas en las cuencas fluviales del río Guadiaro», es decir, «extracciones de áridos, sobreexplotación de los recursos hídricos, implantación de infraestructura a través de sus cauces y la antropización de la costa» han supuesto «una alteración en la dinámica estuaria y litoral que gobiernan los procesos hidrológicos, geomorfológicos y ecológicos en este humedal costero del litoral del Estrecho Oriental». Por otro lado, han apuntado que «este problema endémico debería tomarse en serio y resolverlo en una comisión de trabajo con las distintas administraciones implicadas».

Además, Verdemar ha apuntado que la «apertura puntual» de la barra de arena para permitir una suficiente renovación hídrica del estuario del río Guadiaro «no se encuentra descrita como tal entre las actividades citadas en el apartado 5.4 normas del PORN».

Por otro lado, ha indicado que «al no ser preceptiva la autorización ambiental integrada o autorización ambienta unificada se puede realizar un dragado puntual en la bocana del río».

El subdelegado del Gobierno en Cádiz, Agustín Muñoz, ha señalado que el cierre de la desembocadura del río Guadiaro “es un fenómeno de carácter absolutamente natural, esperado y recurrente, al igual que pasa en los ríos Guadarranque (San Roque), Palmones (Los Barrios), Cachón (Zahara de los Atunes), Salado y Conilete (Conil)”.

Ante las afirmaciones de responsables del Ayuntamiento de San Roque, para que Costas se encargue de aperturar la desembocadura del río Guadiaro, el subdelegado reitera que el criterio que siempre se ha seguido desde la Dirección General de la Sostenibilidad de la Costa y el Mar es que estos fenómenos son absolutamente naturales, “por lo que actuar sobre ellos es una alteración artificial”. En este sentido, el subdelegado recuerda que en el informe técnico remitido “ya se recoje el hecho de tratarse de un efecto natural, periódico y reiterado a causa de la propia dinámica del litoral”.

Además, considera que no se trata de un problema costero en sí, sino de un problema de carácter medioambiental, en manos de la Junta de Andalucía que recibió en 2011 un paquete importante de competencias en materia costera, entre ellas la ejecución de obras. “Y este ha sido -indica el subdelegado- el criterio que se viene defendiendo por Costas desde hace años”.

Recuerda Agustín Muñoz que estos ríos atlánticos sufren estiajes importantes, incluso de varios meses, como está sucediendo este año. El estado natural de la playa es una línea de costa continua, que es rota mientras existe caudal en los ríos. Cuando éste desaparece, la playa recupera su línea normal, como si no hubiera río. Por tanto, es algo que ya se sabe que va a suceder y, sobre todo, es un fenómeno natural.

Añade el subdelegado que las competencias de la Demarcación de Costas se limitan a la regeneración de playas, aunque tanto el pasado 2016, con 10.000 m3, como en este año 2017, con otros 60.000 m3, se ha aprovechado para sacar un total de 70.000 m3 de arenas de la desembocadura del río Guadiaro para aportarlas a las playas del municipio. Así y todo, “la propia dinámica del río va taponando en estos meses de verano la desembocadura, por el menor caudal que lleva el Guadiaro”.

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