«Todos somos Antonio»

En medio del fuego cruzado entre sindicatos, Gobierno y patronal, es el trabajador quien ‘levanta la mano’ para pronunciarse. A través de un escrito, uno de los casi 2.000 estibadores con los que cuenta el puerto de Algeciras nos traslada el sentir de un amplio colectivo que vive momentos de incertidumbre y tensión, pero siempre sin perder de vista que lo que están defendiendo son sus derechos.

Antonio, que es como se identifica, nos cuenta el vivir diario de un empleado de la estiba. «Es la 1:15 horas de la madrugada. Cuando todos duermen en casa, Antonio sale de ella, no sin dar un beso a sus dos hijas pequeñas y su mujer. En la calle llueve, hace bastante frío y ya tampoco pasa ningún coche. Cuando llega a su puesto de trabajo, entre alguna broma y risa con los compañeros para engañar al frío y entrar en calor, va anticipando lo que hay que hacer ese día. Unos con un camión cargado de 40 toneladas que puede derrapar y volcar en cualquier momento; otros en lo alto de una grúa que se cimbrea con el aire que hace; otros más les toca mover y fijar esas pesadas barras de acero que sujetan los contenedores al barco mientras van empapándose de agua…»

«Esto es un día cualquiera de un invierno cualquiera para Antonio y sus 1.800 compañeros portuarios, ésos a los que cuando no atacan las empresas lo hace Europa y cuando no el Gobierno, como hace ahora con forma de un Decreto Ley.  Su único delito: tener y conservar un empleo con unas condiciones dignas, pero también con sus partes negativas que no todo el mundo ve. Antonio no puede planificar nada de su vida privada porque no sabe sus turnos; no sabe si podrá ir con sus hijas a un cumpleaños o a llevarlas a un concierto. Antonio no cobra cuando descansa. Antonio tiene un sueldo mileurista si no tiene producción en su trabajo. Antonio está hoy mojándose bajo la lluvia y poniendo barras mientras el resto de la ciudad duerme caliente entre sus mantas y nórdicos. Por no hablar de los accidentes casi a diario y la peligrosidad: fracturas, amputaciones, y desgraciadamente la muerte conviven también en el muelle».

«Las empresas ganan año tras año, obtienen sus inmensos beneficios “a pesar de los portuarios”. El puerto funciona y crece: en los años de crisis ha seguido creciendo, así que muy malo no puede ser el sistema. En 15 años ha duplicado las mercancías movidas al año. ¿Entonces qué es lo que quieren las empresas, el Gobierno y Europa? Sencillamente, ganar más. Si sus beneficios anuales son x millones de dólares, quieren 2x, o 3x ó 4x…Así de simple, esto es lo que pretenden, que las empresas, que ya ganan, ganen más a costa de “currantes” como Antonio. Van a eliminar a las personas que tenga un trabajo medio digno. Mientras ellos ganan más y más y más».

«¿Qué interés tiene Europa o el Gobierno? El mismo que con las compañías eléctricas, por ejemplo, en subir la luz… Sobres, maletines y puestos de asesor en el consejo de alguna empresa son caramelos demasiado golosos para cualquiera…»

«Pero no sólo está en juego el trabajo de Antonio y sus 1.800 compañeros, cuyo único delito es defender un puesto de trabajo de “currante”. Gracias a un poder adquisitivo normal (o bueno para los deseos de algún que otro empresario), ese dinero se vuelve a invertir en la ciudad y en la comarca: todo se vuelve a emplear y gastar en el Campo de Gibraltar. Las tiendas de Algeciras y la comarca, los bares, comercios,… todo tipo de establecimientos del sector servicios puede verse muy afectado por culpa de este “decretazo” que ha preparado el PP a espaldas de los trabajadores. Ellos y las empresas habían llegado a un principio de acuerdo para cumplir escrupulosamente la sentencia de Europa cuando el Gobierno ha venido a meter sus narices con forma de Decreto Ley.

«Hay mucho en juego.
Sólo defendemos un trabajo digno, nada más.
Todos somos Antonio».

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